martes, 17 de noviembre de 2009

Nuestro actual modelo productivo está agotado. Esta afirmación la estoy comprobando de forma material, cada día que me enfrento a problemas empresariales, dando igual la dimensión que tenga la empresa.

La realidad que percibo es que nos enfrentamos al hecho de que debemos dar soluciones –casi todas ellas urgentes- a la vez que invertimos nuestro escaso tiempo en pensar sobre si dichas soluciones solucionarán o simplemente parchearán los problemas existentes en la empresa, y, por supuesto, siempre manteniendo una duda razonable acerca de si todo ello nos posicionará en el modelo productivo del futuro.

Es muy complicado hacer malabarismos intelectuales para determinar cuál será dicho modelo, pero es la obligación de muchos de nosotros tener que hacerlo.

En mi opinión, la mayor dificultad estriba en tener que convencer a algunos (cuando otros -entre los que, para seos sincero, me encuentro- no lo tenemos ni medianamente claro) de que nuestro modelo productivo de futuro será tal o cual y que funcionará del tal o cual manera; pero nos toca hacerlo, dada la posición que algunos ocupamos en la sociedad, y todo ello determina por responsabilidad la obligación de tener que realizar el esfuerzo.

Somos algunos -no muchos- los que andamos dándole vueltas a esto de una forma seria y siempre preocupándonos por ello, y mientras llega la idea inspiradora aporto, a través de esta reflexión, mi visión sobre el tema.

Sea cual sea el sector empresarial al que pertenezcamos, es muy probable que los próximos años ya no nos sirva de mucho abordar los problemas que nos vayan surgiendo con la experiencia acumulada, y esto, ya siendo complejo, no es lo peor. A mi entender, lo peor es proponer una visión a la sociedad y mantenerla con firmeza pero sabiendo que puede que nunca se cumpla o incluso que vaya a ser recibida -por los que se supone que luego se beneficiarían de ello- con incomprensión y desdén.

Mi visión, junto con la de otros, consiste en que vamos a tener que desarrollar el modelo productivo creando todo a través de la sociedad del conocimiento, y por mucho que esto suene a teórico, según mi criterio, será así. La sociedad basada en el conocimiento determinará como abordar muchos de los problemas para los que ahora mismo no aparecen soluciones

La sociedad del conocimiento implica no solo llenar el espacio social con formación, sino formación encaminada a la utilidad práctica y siempre alineada con la teórica, lo que implica que finalmente se desarrolle, se una todo ello a la tecnología y llegue a determinar qué es lo que se hará y por medio de qué se manejarán los líderes con una gran maestría, es decir, mano de hierro pero con guante de seda o, lo que es lo mismo, argumentar para convencer y no sólo convencer.

Y si algo he aprendido a lo largo del gran esfuerzo que he tenido que realizar para superar el hecho de ser un pequeño individuo a llegar a estar intelectualmente a la altura de las circunstancias que elegí es que la formación me ayudó a comprender que lo que veía en mi cabeza era posible si realmente creía en ello; que lo que veía en mi cabeza era posible de alcanzar si mantenía una actitud permanente de mejorar y de constante avance; finalmente, la formación me ayudó a buscar gente que piensa como yo, huyendo de los ladrones de nuestro escaso tiempo y buscando el encuentro y el intercambio de ideas que enriquecían mis argumentos a la vez que yo enriquecía los suyos.

Finalmente, he llegado a entender -cuando el tiempo determinó mi etapa de maduración- que casi todo es posible y que las metas se logran y sobre todo agradezco haber entendido finalmente que, aún siendo importante el dinero, sólo es un medio, pues la verdadera riqueza es conseguir el equilibrio entre la mente y el entorno con el que convivimos.

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